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"He planeado quinceañeras durante casi 15 años y lo que he visto es que le ponen mucha énfasis en la fiesta ... y muchas de las muchachas se casan a los 18 años."
– Susan Pérez, dueña de una boutique y creadora de la idea de una quinceañera en grupo que ofrecería becas a muchachas que vienen de familias de bajos ingresos.

 

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‘La razón por la cual quería una 
quinceañera era el vestido, por supuesto. Según mis ideas, todo el evento sería como un ensayo para el baile de graduación.
- Del comienzo del ensayo excepcional de Gwendolyn Zepeda “The Quinceañera I Was Too Poor to Have,” (La quinceañera que no pude tener) que aparece en este número de Su Voz

 

  Quinceañeras come in new flavors now
Por Claudia Kolker
 
 



Los mariachis tocaban “Las Mañanitas” mientras las señoras acomodaban sus tiaras y abrían paso hacia la puerta a codazos. Pero el auditorio de Houston ya estaba lleno. Las puertas se cerraron y varias de las muchachas aspirantes se quedaron afuera.

Era el evento “Quinceañera You Were Too Poor to Have” (La quinceañera que no pudiste tener), y a pesar del título impertinente y el público vestido de gala, se notaba un sentimiento imperecedero en la reunión. Para muchas latinas, las quinceañeras aún tienen mucha importancia. Sin embargo, la manera en que se celebran ha estado cambiando de manera sorprendente.

Una fusión del rito de adultez azteca y un concurso de belleza religioso español, las fiestas de quince años se celebran por toda Latinoamérica cuando las niñas cumplen 15 años. Tradicionalmente, las festividades incluyen una misa, una fiesta espléndida, y para la quinceañera, un dulce vestido rosita – pareciendo más como la consentida de papi que una debutante, más como una reina hada que una mujer fatal. En sociedades tradicionales, el espectáculo era la manera de anunciarle a la comunidad que la niña se había convertido en mujer – lista para el matrimonio y las responsabilidades adultas.

Sin embargo, hasta en el mundo moderno, el hecho de no tener una quinceañera puede destrozar el corazón de una latina. Era este sentido nostálgico que llevó a la escritora de Houston, Gwendolyn Zepeda, a patrocinar la quinceañera/lectura en el 2003. En celebración de su primer libro, Zepeda, de 32 años, quería tener aunque sea algo de la festividad de la que se perdió de niña. Alentó a sus invitados a vestir en olanes y lentejuelas y les abrió el micrófono para que leyeran sus historias de adolescencia, de mujer y de los tiempos difíciles. El evento era medio en broma, sin embargo, las invitadas estaban tan ansiosas por asistir que algunas no pudieron entrar.

“Era acerca del arte avivado por la privación,” refleja Zepeda sobre la popularidad de su quinceañera de adulta. “Yo pienso que la cultura latina pone mucha presión sobre las jóvenes. Las quinceañeras son un ejemplo de eso. Todos en la comunidad te agradecen por ser mujer”.

A pesar de los efectos envolventes de la cultura estadounidense, las quinceañeras prosperan aquí. Su popularidad creciente hasta ha empezado a alterar su carácter. Este año, cuando aproximadamente 400.000 latinas en este país cumplen 15, una industria en expansión rápida espera para atenderlas.

En una de los acontecimientos más reveladores, las quinceañeras tienen su propia revista. Eso es un hito fundamental para un movimiento social – indicando que existen suficientes lectores y anunciantes para mantener una publicación, dice Luis Salinas, un sociólogo de la Universidad de Houston que estudia las quinceañeras. En un tiempo las quinceañeras iban de compras a las tiendas de novias, pero ahora frecuentan las boutiques especializadas, que se encuentran en centros comerciales junto a la tienda Office Max y el restaurante Applebee´s. Los accesorios, como las limosinas y los diseñadores de escenarios, se han vuelto algo estándar. De las dos escuelas de Houston que Salinas estudió, las familias de trabajadores y de clase media gastaron aproximadamente $10.000 por quinceañera.

Las quinceañeras ahora poseen un encanto muy diferente a su función original, y para unos esto es desalentador. Por ejemplo, antes las quinceañeras se centraban en la iglesia, y ahora algunas jóvenes abandonan la misa por completo. Zepeda, quien hasta hace poco tenía un sitio Web acerca de las quinceañeras, dice que muchas muchachas aún consideran la celebración como un rito. Pero es un paso a los hábitos de consumo adultos, dice ella, no de responsabilidad.

“No me gusta parecer como una mujer vieja de malhumor,” dice Zepeda. “Pero muchas de las cartas que recibí parecían centrarse más en el materialismo, eran más como Bridezilla: ‘¿Qué tan bella me puedo ver y cuánta atención puedo atraer?’

Muchas veces las muchachas le escribían a Zepeda acerca de quinceañeras con temas de pandillas con pañuelos, o quinceañeras “guetos” con zapatos nuevos de Nike y camisetas deportivas. Según Zepeda, los correos electrónicos más tristes eran de las muchachas embarazadas que no sabían si deberían decirles a sus padres antes de la quinceañera. Otras muchachas escribían al sitio Web, aconsejándoles que no dijeran nada para que pudieran disfrutar una última fiesta.

Sin embargo, las quinceañeras también han logrado conseguir algo de sustancia sorprendente. En una sociedad industrializada, cumplir 15 años no tiene la misma importancia que tiene en culturas agrícolas con vidas más cortas. Pero en los Estados Unidos, las quinceañeras se han convertido en una manera preciada de transmitir la cultura latina. Siendo una costumbre, es sorprendente que las quinceañeras han durado, perdiendo popularidad sólo con la cuarta generación.

Con el hecho de que las latinas de primera, segunda y tercera generación aún celebran sus quince, la cultura de las quinceañeras se está extendiendo. En un estudio reciente de las escuelas públicas de Houston, las estudiantes no latinas indicaron que sentían envidio, y a veces emulan a sus compañeras que tienen quinceañeras.

No obstante, el grupo de conversos creciendo más rápido son los jóvenes barones. Más y más padres están prodigando a sus hijos con fiestas, limosinas, discursos – todo menos el vestido.

“Nuestro negocio es mitad y mitad,” comenta Eric Chaney, quien toma reservaciones para el servicio de limosinas Aadvantage en Denver, Colorado. “No hay mucha diferencia en lo que quieren. Los muchachos quinceañeros reservan lo mismo que las muchachas – los vehículos de utilidad deportiva (SUV, por su sigla en inglés)”.

Los tradicionalistas como Zepeda consideran que esta tendencia es verdaderamente atroz. Según ella, parece que le está quitando la esencia de las quinceañeras – ese reconocimiento agridulce de lo que las latinas tienen que soportar después de su día especial.

Pero la nueva generación de quinceañeros también refleja las creencias sobre las latinas están cambiando. Críticos de la costumbre de las quinceañeras, y hasta los aficionados, a menudo se quejan de las cantidades exageradas que las familias gastan en los vestidos y la música sin guardar un centavo para la educación de sus hijas, pero esto está cambiando lentamente en algunos lugares.

Según el sociólogo Salinas, una muchacha de Houston financió su fiesta de quince años, y a la vez recaudo dinero para su primer año de universidad. Lo logró pidiéndoles a sus parientes y a negocios locales que fueran patrocinadores financieros, una variación de la tradición de quinceañeras en la que los amigos son padrinos de diferentes cosas como el pastel y las decoraciones. “Recaudo mucho – más de $15.000,” informa Salinas.

La organización benéfica Nations Association Charities, ubicada en el Condado de Lee en Florida, se continúa con esta idea con más ardor. En colaboración con una boutique de quinceañeras, la organización recauda dinero para una fiesta de grupo para 16 niñas que vienen de familias de bajos ingresos. Las fiestas cuentan con todo y vestidos hechos a la medida, decoraciones de Cenicienta y música. Llegan a competir hasta 50 muchachas por participar en esta gala, y las ganadoras se eligen en base de sus logros. Durante la fiesta, se les otorgan por lo menos tres becas (que cubren la matricula de dos o cuatros años) a las muchachas más logradas.

La organización benéfica Nations Association Charities, ubicada en el Condado de Lee en Florida, se continúa con esta idea con más ardor. En colaboración con una boutique de quinceañeras, la organización recauda dinero para una fiesta de grupo para 16 niñas que vienen de familias de bajos ingresos. Las fiestas cuentan con todo y vestidos hechos a la medida, decoraciones de Cenicienta y música. Llegan a competir hasta 50 muchachas por participar en esta gala, y las ganadoras se eligen en base de sus logros. Durante la fiesta, se les otorgan por lo menos tres becas (que cubren la matricula de dos o cuatros años) a las muchachas más logradas.

“Unos de los requisitos principales son sus calificaciones y sus metas para el futuro,” explica la dueña de la boutique Special Moments, Susan Pérez, quien soñó con este proyecto. “He planeado quinceañeras durante casi 15 años y lo que he visto es que le ponen mucha énfasis en la fiesta ... y muchas de las muchachas se casan a los 18 años.

Las 16 muchachas irán a un tipo de colegio privado del siglo XXI donde aprenden sobre la gestión financiera en un mes, en otro sobre la etiqueta y en el último practican como componer sus currículos.

La idea, explica Pérez, es redefinir la quinceañera. Al convertir el hecho de hacerse mujer en sinónimo de la educación, está nueva versión de quinceañeras une al rito tradicional de las niñas con uno moderno que les brinda oportunidades a las mujeres.

Claudia Kolker es una escritora de redacción para el periódico Houston Chronicle. Anteriormente era la jefa de la oficina de Houston para el periódico Los Angeles Times. Kolker ha vivido y reportado desde México y América Central, y ha escrito mucho sobre la vida de inmigrantes en los Estados Unidos.

Su Conexión

www.gwenworld.com, el sitio Web de Gwendolyn Zepeda, autora y creadora de la reunión de adultas quinceañeras “The Quinceañera You Were Too Poor to Have” (La quinceañera que no pudiste tener).

 

 
 
 

 

 
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